lunes, 11 de abril de 2011

Noches de insomnio III

Era de noche en los tugurios de tu lengua, y tus ojos infinitamente huecos me miraban insolentes, fermentando mil misterios. Tus labios de cuasar me invitaban al abismo, seductoramente insinuando delirios de llanuras. Delirios que sabía no harían más que derretirme en guijarros de cristal. Pero era de noche en las entrañas de tu ser y mi ingenua vanidad no resistió màs el cruel eco de la soledad. Me deje caer dulcemente entre las grietas de la irrealidad. Era de noche en las sabanas de tu piel nívea y mis ojos huecos no distinguían más que los cráteres de tus lunares floreciendo alegremente por la ladera de tu espalda. Era de noche en el desierto de mi cama, cuando sentí la gravedad de comprender que no eras mi verdad.

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