lunes, 4 de abril de 2011

Instrucciones para Estar bien

Está bien, dice la voz. Se encentra totalmente estable. Está bien…

La voz metálica y almidonada sigue balbuceando, pero su murmullo se pierde a través del límpido cuarto blanco, rebotando de pared a pared hasta diluirse por completo.

Está bien. ¿Qué significa eso? Está bien. ¿Qué puede significar? Está bien. Excepto porque está en coma. Fuera de eso, fuera de todos los tubos que drenan su cuerpo, que la mantienen funcional… Fuera de que su cerebro está muerto, todo está perfectamente bien. Fuera de eso, la abuela se encuentra perfectamente saludable.

¿Eso qué? ¿Qué significa eso? Está bien. El clima de hoy está bien. Una tarea puede estar bien. La comida está bien. Que el cerebro de la abuelita se haya desconectado, no está bien. No está bien la abuela tierra. No está bien que este aquí con todas estas sondan drenando los líquidos que su cuerpo sigue produciendo porque el cerebro no ha podido pasar el mensaje de que está muerto. No está bien la familia acá abajo, tostándose al son sin poder atreverse a hacer lo que el cuerpo de la abuela se rehúsa a hacer. No está bien toda esta gente afuera del hospital, a la intemperie, expuesta al sol, y al frio, a la noche y a los ladrones. No está bien que los arquitectos del hospital no hayan considerado eso. No está bien que las salas de espera estén vacías, solo porque los directores no dejan entrar a la gente y prefieren dejarla a su suerte en la intemperie. No está bien este sistema de salud de mierda que explota a sus doctores y maltrata a sus pacientes. No está bien este puto país de mierda que prefiere invertir en una guerra absurda que en salud pública o educación. No está bien este país que no construye hospitales regionales y obliga a la gente a morirse en su casa o a morirse en la frialdad de la gran metrópoli. No está bien este PUTO mundo que juega a los soldaditos, al monopoli con países como el mío, que trata a la gente como mercancías.

No, no doctor. No está bien. Nada este bien. Dese cuenta.

Abuela. Abuelita, despierta.- No. Nuestra abuela tierra no despierta. Tengo miedo de estar como tú, de no saber. De quedarme sentada mirando fijamente a la pared y no saber que estoy muerta. Bien muerta.

¿Esto es vida? Al nacer… Hay un momento entre no nacer y nacer en el que no sabemos dónde estamos, porque la frontera entre existir y no existir es muy difusa. Por eso al nacer, les damos una nalgada a los bebes. Les avisamos. Despierta, estás vivo. Cuando se muere, es igual, ese momento entre vivir y no-vivir-mas es confuso. Es traumático, aprender a desaprender, a desprenderte de todo lo que has conocido y has amado.

Hay rituales. Si. Pero no es tan claro. Nos dicen que nos lloran, y nos ponen velas. Nos entierran y nos ponen lapidas. Para que no volvamos. Si. Pero el ritual es para los vivos. Para que ellos se den cuenta, para que sientan que nos ayudan, para aprender a no buscarnos. Y quizá el problema es que nunca entendemos –nadie entiende- si venimos aquí a aprender a vivir, o a aprender a morir.

Y entonces, todo mundo se pregunta: ¿Esto es vida?

No sé. Tengo ganas de golpear y sacudir a esa ridícula voz almidonada y blanca que me dice que todo está bien. Como si la abuela tierra no fuese también su abuela. Como si él no fuese nieto de la abuela tierra. Como si mi perdida no fuese la suya. El me habla y dice que todo está bien.

Tengo ganas de hacer daño a ese ingenuo que después de siete años de escuela médica no ha aprendido a distinguir a un vivo de un muerto. Tengo ganas de hacer algo ante lo cual ya no haya vuelta atrás. Quiero cambiar este puto mundo.

El problema es que en realidad, todos estamos igual que la abuela, mirando fijamente a la puerta, ajenos a todos. Sin saber que estamos bien muertos. Y no importa cuánto suene el despertador, no importa cuánto nos sacudan, no importa que la cama o el cielo se vengan abajo. No sé cómo despertarnos.

Tal vez, solo hace falta que alguien nos avise. Que alguien nos diga. Abuela, despierta. Abuela, abuela tierra, despierta. Despierta, abuela, estás muerta. Y que despierta, y que nos vamos despertando todos. Ella a la muerte y nosotros a la vida. Y ahora sí, que vamos soñando con palabras que construyen un mundo mejor.

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