jueves, 30 de junio de 2011

Erase una vez en el camión 9


En el camión 9 de la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad, venimos de lugares, culturas y luchas muy diferentes. Somos estudiantes, trabajadores y artistas de varios puntos de México, algunos de Estados Unidos y Francia. Somos de edades muy diferentes, venimos mestizos e indígenas. El día 4 de la caravana, después de haber pasado Torreón, decidimos preguntarnos cómo íbamos, platicar entre todas para compartir nuestros corazones y pensamientos sobre lo que se han ido gestando en cada una de nosotras a lo largo del recorrido. Este documento fue el resultado de esa reflexión.

Pensamos que este es el momento para empezar a entrelazar nuestras luchas, nuestros dolores. El dolor, la tristeza, nos lleva a una reflexión profunda, nos lleva adentro, de donde viene la luz. Luz para aprender y contribuir. El dolor, el sufrimiento lo podemos traducir en conciencia y en profundo conocimiento de nuestra historia que nos trasciende. A veces nos da impotencia, al escuchar historias y no saber como responder. Hemos tenido a poetas que nos marcan la pauta.

Ayer le salieron alas al movimiento.

Pensamos que la esperanza se ha ido acumulando a lo largo de la caravana. La hemos encontrado en las personas que nos reciben, en el valor de l@s que rompen el silencio y hablan a pesar del miedo, en el caminar juntas. Algunas de nosotras pensamos que a pesar de la tristeza, del miedo, de la desolación, lo mas valioso de este recorrido ha sido como se ha rescatado lo fundamental como el amor, el acompañamiento, empezar a vernos, a caminar juntas y no juzgarnos. A pesar de todo el dolor que hay también hay inspiración. La encontramos al tocar ese dolor, sentirlo como propio por que es nuestro y lo compartimos. Sentir el dolor como propio y levantarnos con el. Traducir la tristeza en organización, en cambio.

Esto lo hemos hecho al no dejar que solo lo negativo se nos quede dentro sino también lo positivo. Ha habido momentos en los que nos hemos sentido acongojadas, con el corazón apachurrado, pero sabemos como quedarnos conectadas con las cosas buenas también. Lo hacemos por que sabemos que hay una forma increíble de organización, activando redes de solidaridad entre nosotras. A algunas nos funciona fumar, a otras gritar consignas, o abrazarse. Lo hacemos al soñar en un mundo distinto, en que en algún momento las cosas van a cambiar y podemos ser parte de ese cambio.

A algunas de nosotras el simple hecho de estar aquí nos da esperanza, por que se está buscando un cambio. Estamos emocionadas por que viene un momento importante y estamos en transición.

La solidaridad nos sostiene. Mientras platicábamos esto en el camión, salió gente a la carretera y en el parador San Rafael nos dieron comida y abrazos, gritamos consignas. La parada fue como un oasis en el desierto.

A algunos lo que nos trajo fue la intuición, esas cosquillas de que algo es importante. Ese sentimiento de que hay que hacer algo y este es el momento, hay que tomarlo, hay que ir.

Estamos aquí por que queremos no solo estar pensando. Por que lo peor sería que nadie hiciera nada.

Estamos aquí en esta caravana por la importancia que le damos a la libertad, Libertad de decir la verdad, de escucharla, libertad de movimiento.

Estamos aquí por que para nosotras es importante la Dignidad.

Estamos aquí por que honramos la vida misma, la alegría y el dolor. Hay dolor, muerte, odio, miedo. La hemos escuchado, y visto. Pero también hay todo lo que vale la pena de la vida. Hay alegría, música, canto, cielo, goce. Le estamos diciendo a la banda, cálmala, no hay por que jalar ese gatillo, esta chido cantar y bailar, está más bueno así.

Estamos aquí por que es importante la comunidad, la posibilidad de que existe una familia común más allá de seres aislados.

Vamos dejando huellas en el camino, en el trayecto. Algunos vemos la caravana como un árbol que crece poco a poco, con la gente que nos recibe como agua que lo riega en la tierra de esta geografía compartida. Hemos ganado tanto! Estamos viendo la realidad de lo que es nuestra tierra, la estamos oliendo, escuchando, probando.

Uno de nosotros ve este movimientos similar al de Martin Luther King. Yo soy de Juárez, viví ahí 23 años y me da gusto ver a bastantes chavos pues yo ya no creía en México.

Creemos en un cambio verdadero. El cambio viene, viene de atrás, viene cambiando un rato y nos toca continuarlo. Este movimiento juega un papel importantísimo.

Estamos aquí para dar voz y construir esperanza, es la cosa mas importante del mundo. Esperanza en la gente, en todas y todos, nadie nace criminal. Es más la gente buena, más la gente que quiere ver un mundo diferente.

A algunas nos enseñaron que las cosas no van a cambiar. Que “el que nace pa’ maceta no pasa el corredor” pero eso no es cierto, sí podemos cambiar las cosas. Sí podemos crear un mundo en el que sea posible vivir una vida con paz, con justicia y con dignidad para tod@s.

Cuando en la lucha hay muchas derrotas, una victoria es pila para un ratote. Victorias como cuando entra alguien a la universidad gracias al movimiento de l@s aspirantes excluidos de la educación superior. Como la carta de derecho a las mujeres que se hizo en asamblea y desde abajo. Como cuando salieron los de Atenco.

Estamos aquí por que queremos ver que los militares se regresen a los cuarteles. Queremos ver proyectos de intervención comunitaria. Por que si nos organizamos sí se puede.

Después de esta caravana regresamos a nuestras comunidades a organizar, a hacer exposiciones en la calle, hay proyectos que siguen a esta caravana, informar a la gente de lo que está pasando. Trabajar con los jóvenes. Cultivar comida, hacer algo que propicie la reflexión y genere paciencia. Queremos caminar hacia la utopía tranquilos. Tenemos que hacer algo en nuestros barrios. Seguirnos apoyando pues vivimos esto juntas y juntos.

Estamos saliendo cambiadas de esta caravana. Sabemos que esto es el comienzo.

miércoles, 29 de junio de 2011

Tres tristes tigres

I

A ti nadie te cree nada, pero deben escucharte. Deben saber que tú no estás loco. Que nunca lo estuviste. Nunca tu corazón abrigo la locura en ningún momento. Pero ellos sí. Siempre fueron ellos. Ellos los dementes que te orillaron a caer en una falsa locura, porque de alguna forma, en su retorcida mente, tu coherencia y tu cordura les resultaba no solo incomprensible, sino inaceptable. Mientras, que tu falsa locura era absolutamente comprensible y hasta digerible. Si, verdades incomprensibles ocultas por mentiras comprensibles. Siempre se trata de eso. Siempre fue todo así, pero no es fácil entender porque todo tuvo que ser así.

Porque tú, que un día despertaste como el resto del mundo despierta, tenia s que encontrarte con que ya no estabas. O mejor dicho, que estabas, pero que ya no estaban los demás. Es decir, que algo sucedió del momento en el que cerraste los ojos antes de irte a dormir –bien acompañado- al momento en que abriste los ojos para despertar. Quizá como si hubieras dormido cien años y el mundo hubiese seguido su curso, pero sin ti. Ya sin ti. Si, como despertar a la vida sin ti. Como si el camino que un día fue de ida ahora fuese súbitamente de vuelta. Y es que en realidad, en realidad, nada había cambiado. Y aun así algo pequeñísimo, ínfimo, tan ínfimo como abrir y cerrar los ojos había bastado para cambiarlo todo. Pero nadie. NADIE- mas que tu, podías saberlo. Saberlo sobretodas las cosas que sabes, sientes, piensas; y por tanto, dolerlo. Solo tú podías sangrar por esta herida que no era más que una ausencia, un recuerdo borroso de un olvido.

Lo que sucedió fue que un día al despertar te descubriste a ti mismo saliendo de entre las sabanas de un extraño. Sabanas azules y ajenas. Ajenas no solo porque azul es todo lo lejano, sino porque te eran absolutamente desconocidas. Pero no era todo. Había que ver que el resto de la cama tampoco te pertenecía; como tampoco te pertenecía ese pequeño cuarto en esa pequeña casa.

Y si te pareció extraño salir de entre esas ajenas sabanas azules, más extraño resultaba comprender que al desperezarte de ellas en realidad, te estabas despertando a una nueva vida. Entender que toda tú, eras una hoja en blanco que había que rellenar con algo –lo que fuera- Sobreponerte a eso, aprender a vivir con eso, fue como aprender a vivir siendo un muñón. Abrigando la esperanza cada vez más febril, de poder despertar de este macabro sueño.

Más doloroso fue encontrarte a ti misma introduciéndote de nuevo a esa cama lejana e inentendible de sabanas azules. Más doloroso fue darte cuenta de que tu vida ya no estaba ahí. Más doloroso era aprender a anhelar ese momento antes de cerrar los ojos, solo para poder desear hasta casi convencerte, de que al despertar estarías en casa. Con ella. Por y para ella. Sobretodas las cosas, ella.

Pero al despertar era siempre lo mismo. Primero como salir de un naufragio, y salir de entre las olas que te llevan y te mecen hasta llegar a la costa que es la cama. Llegar ahí sin aliento y fatigada. Después el temor. El temor de abrir los ojos y descubrir que sigues ahí. El temor de haber sido vista y no poder continuar pretendiendo que estas en casa. Y entonces la realidad, dolorosa como un muro de cemento. Pesada como una placa de cemento que se cae de un edificio en construcción. Tú debajo. La realidad encima.

II

Se puede vivir así. Pero poco. Tu pasaste un par de días que después se convertirían en semanas, intentando convencerte de que se podía continuar aun entonces. Pasaste de la estrategia de fingir que todo era un sueño, a la de convencerte de que, en efecto, esta siempre fue tu vida. Del rechazo a la aceptación. Solo que no es tan fácil.

III

Es tan solo una idea que se insinúa, una sospecha, un presentimiento o algo aún más vago. Y aun así, que molesto que resulta. No sabrías como explicarlo, es el resultado de algo apenas perceptible. Sucede… En realidad nada sucede. Nada muy grande ni espectacular. Y nada cambia, pero aún así, todo cambia. Todo es absoluta e irremediablemente diferente. Como ser una hormiga caminando entre una hoja de papel que de pronto se dobla y se desdobla de forma que de pronto todo cambia, y lo que era arriba, se convierte en abajo; y el camino que siempre fue de ida, se vuelve de venida. Sin que por eso la hoja pierda sus propiedades de hoja para el resto del mundo.

Si, más o menos así. Un día caminas por cierta calle en un cierto barrio. No, no cierto barrio. Caminas por las calles de un barrio que es tu barrio. Calles que son tu territorio, que son tuyas porque representan e l mundo en el que te desenvuelves diariamente. O por lo menos eso pensabas. Creías que por ser las calles por las que caminabas diariamente, estas eran tuyas. De verdad pensabas que existía una relación bidireccional entre las calles de la ciudad y tú. El tiempo te aprobado lo contrario, te ha probado que no; que vivías bajo una falsa premisa.

Porque un día, caminando por la misma calle, la ciudad te resulta ajena. Es como despertar a la vida sin ti. Y nada ha cambiado, pero todo es diferente. Nada se ha perdido, pero todo falta, y nada duele, pero todo duele. Duele esa calle con sus edificios coloniales que se abren ante ti. Duelen esas personas que caminan en el ajetreo hormiguistico de ganarse el pan, duele esa ciudad como un mapa del que se te ha borrado, en el que no hay una puerta ni una cama esperando tu llegada, en el que a ninguna persona le urge tu presencia.

Esta mañana, después de encallar en esta isla de playas azules, te has despertado con una firme decisión, porque se puede vivir así, pero poco. El sueño de la noche había sido como un mapa. Perdón, como ver a través de un mapa, con toda la claridad posible. No, no así. Fue ver con toda la claridad, que la ciudad –los vagos recuerdos de la ciudad- que conservabas, podían servirte. Guiarte. No ya como cuando los recuerdos estaban formados por filigranas de cristal que se te enterraban en la memoria, Sino como un mapa que te indicara lo que había sucedido. Un mapa que te mostrara el camino. ¿Cual camino?

IV

El camino que te llevara a un lugar donde la vida ya no estuviera en otra parte. El camino que te llevara a encontrar ese doblez de la hoja en el cual se había quedado la vida contigo, la ciudad, la calle, tu barrio, la tiendita de la esquina, la señora del pan, el vendedor de leche, la vecina de 4 y la pareja sin vergüenza, las siete de la mañana, las galletas de animalito, las lluvias de estrellas en la azotea, los domingos en el petate…

Quizá era ver un mapa dentro de otro mapa, la memoria como un mapa del recuerdo y por lo tanto del futuro. La ciudad, el recuerdo de la ciudad como un mapa del camino, el camino como un mapa del pasado. Si. SI. Exactamente así. Ir lejos. Moverte de tu punto e irte lejos. Crecer. Tener éxito. Ir aun más lejos. Más lejos. SIEMPRE más. Hasta que estas tan lejos que has Vuelto. Llegar lejos, ir de a a b y de regreso.

Con esa idea en mente has salido de tu isla desierta y caminas por la ciudad. No buscas, encuentras. Al menos eso piensas. Tu mapa está compuesto por al menos 3 puntos. Viejos lugares que fueron íntimos, lugares hay mas, pero es que no todos son igualmente importantes, en el sentido de que no todos son igualmente habitables en la memoria. Por eso el mapa es tres y solo tres.

¿Por qué?

Porque tres representan la transformación del lugar o el espacio en territorio. Dichos lugares como dicen por ahí, la geografía convertida en verbo, el espacio convertido en acto; lugares que eran amantes, amantes que dolían en cada ausencia, esperas que se convierten en desencuentros y recuerdos que se insinúan. Tres y solo tres.

lunes, 20 de junio de 2011

Corazones equimóticos

Tu nombre va aquí;


Corazones equimóticos, abúlicos de ventrículo a ventrículo, desnodizados ante el horror esencial de la rueda de la vida y la muerte. Cauterizados en un caldo de amores imposibles, inyectados con vino añejo de soledad.

Un pobre corazón esclerótico, tras kilos y kilos de sueños abandonados y amontonados, olvidados en un maldito rincón. Un muerto corazón ahogado en mares de turbia duda. Era un pequeño corazón deforme y remendado; arañado con guijarros de venenosa felicidad a la que nunca pudo abrigar lo suficiente para que no muriera. Era un pequeño corazón malgastado, aplastado por el imponderable peso de la última circunvolución del homínido. Era un pobre corazón derribado tras haber perdido su nodo sinusal. Un corazón magullado por tantos bajos golpes de la vida y la muerte, el destino y el azar. Era solo un cuchitril de corazón, sí; pero era mi corazón.

Mi corazón que un día empaco sus maletas, sus dos válvulas y se fue. Mi pequeño corazón de hojalata que un día simplemente decidió no soportar más y por primera vez alzo su voz; Un frágil corazón que un día sin más, controlo su temblorosa voz que se quedaba sin aire a la mitad de la frase y grito ante el mundo; “vida mía, no te quiero” y desapareció en las fauces del olvido.

Yo busque y busque y busque; debajo de la cama, en la esquina del ropero, en la parada del autobús, en las notas de la escuela, a lado del camino, en el ulular del viento, los copetes de las nubes, las maculas de la luna, el canto de los gallos y hasta el fondo, hasta el fondo de una botella de cerveza

Pero no estaba.

Empezaba a pensar que era mejor así, que aún si lo encontraba no sería justo para nadie traerlo de vuelta a este elegiaco invierno eterno. Y fue entonces, un día sin más, cuando comenzaba a acostumbrarme a la idea de no acostumbrarme a la dolorosa amputación, cuando de pronto lo vi:

Cruzaba la calle, sonriendo radiante, probablemente ebrio de serotonina. Y yo pensé en llamarlo, gritar su nombre, correr hacia él, tomarlo en mis brazos hasta que fuéramos uno solo. Y por un breve segundo acaricie esa fugaz alegría que podría ser, pero que no sería.

Lo mire de nuevo, no estaba solo: estaba contigo.

jueves, 2 de junio de 2011

Yo

Empiezo a sospecharme como una gruta con goteras constantes. Y es como si mi corazón fuera una gota que cae. Incesantemente, una y otra vez. Y cada gota es un latido, y en cada latido la vida se me escapa hacia otra parte; se me escurren las ganas. Se me secaron todos los paraqués.