
Fue en Ixtepec en donde las historias de los migrantes se visibilizaron y de pronto todo eso que ya sabíamos sobre la migración dejo de ser una simple historia y empezó a cobrar rostros y voces. A partir de ahí todo fue un poco diferente. Tenía que ser diferente porque visitamos la casa de migrantes del padre Solalinde en ese pequeño lugar. Tenía que ser diferente porque vimos las vías del tren, por donde pasa la “bestia” que cruza todo el país. Caminamos algunos de los senderos, las calles y los caminos que ellos caminan por la noche y bajo la lluvia cuando vienen bajando del tren. Tenía que ser diferente después de escuchar de primera mano las historias de violaciones, torturas y maltratos que reciben los migrantes por parte de los policías y la migra. A partir de entonces la inquietud, la necesidad de saber cuál es el sentido de todo esto, el cuestionamiento de los estados nación, de las fronteras y la vergüenza por las atrocidades cometidas a nombre del gobierno mexicano contra los compañeros con los que estábamos comiendo.
CIUDAD HIDALGO-PASO FRONTERIZO

En la frontera del rio Suchiate hemos cruzado el puente internacional que nos conecta (¿o nos separa?) con Guatemala. Hemos caminado al otro lado, al sur, a nuestra patria madre verdadera. Cruzamos para pedir perdón a nuestros hermanos. Cruzamos para pedir perdón no solo por las atrocidades cometidas por nuestras autoridades, sino por no haber sabido levantar nuestra voz a tiempo, por no haber sabido defenderlos como es propio.
Hemos caminado juntos, víctimas de la guerra, migrantes, estudiantes, defensores de los derechos humanos; hermanos mexicanos, hondureños, guatemaltecos, argentinos, salvadoreños, brasileños. Hemos cruzado los puestos de control de migración, hemos cruzado el largo rio que nos separa entre gritos de “abajo las fronteras, América latina es una patria entera”, y” la migra, los zetas, al pueblo se respeta.” Hemos cruzado con la dignidad que los migrantes que han cruzado innumerables veces este mismo tramo a escondidas y con miedo, merecen. Hemos cruzado con la alegría y la emoción de poder cruzar sin miedo, de poder gritar, y bailar “el que no brinque es migra” y de poder señalar “asesinos, asesinos, asesinos” a los puestos de control migrante, con la gracia de ver a Yayo el mimo deteniendo a las patrullas para pedirles sus papeles y ver la cara de confusión de los policías. Hemos caminado y nos hemos encontrado a la mitad del puente con la comitiva que venía desde Guatemala. Hemos escuchado algunos testimonios y hemos pedido perdón.
Después regresamos a Ciudad Hidalgo, y en pleno festejo de la anexión de Chiapas a México, hemos hecho las innumerables denuncias de un presente indigno de ser festejado. Al final el síndico quiso callar el evento, pero la plaza entera empezó a corear hasta que dejaron escuchar todos los testimonios.
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