lunes, 28 de enero de 2013

Rodada rumbo al Congreso de Ciclismo Urbano 2012 (México-Oaxaca)


Aquí las postales sobre la rodada de un grupo de locos que no se conocían, que se hicieron amigos durante una rodada de 6 días rumbo al Congreso de Ciclismo Urbano en Oaxaca. Esta es la historia de un recorrido de casi 500 kilómetros por la sierra en bici. 

Día 1.  Ángel de Independencia, DF-Cuautla, Morelos

La cita era a las 8, y salí de la Del Valle un poco antes con mi mochila de camello y un mapa hecho en una servilleta. Me perdí un poco justo antes de llegar, pero logré llegar a tiempo. El Ángel estaba vacío. Solo había un chico, reconocible a lo lejos por su bici con cinco alforjas y una de esas chamarras fosforescentes; ahí estaba Rodrigo. 
Ahí nos quedamos los dos un rato, hasta que una policía nos indico que había un chico que debía estar esperándonos en el sitio opuesto. Apareció después el otro chico, con su bici roja, cargando casa de campaña y demás, un casco y paliacate con calaveras: era Alejandro.
Salimos nosotros tres y un chico que no tenía el tiempo para hacer el viaje, pero que decidió acompañarnos hasta salir de la ciudad. Tardamos horas antes de salir, y en eso le dio tiempo a Alejandro de regañarme por traer mal la bolsa de refacciones, así como indicar el mal estado de los rayos de mi llanta. En el camino a la caseta a Cuernavaca se nos unió Roberto, con su flamante bici nueva y muchas ganas de rodar.
Mientras esperamos a otros tres que juraban que ya llegaban  (y que más tarde y ya en confianza nos confesarían que estaban crudos en una gasolinera) Roberto trato de reparar mis rayos, terminando de descomponer el equilibrio que llegaban, por lo que tuve que subir con la llanta culebreando a cada pedaleada. Por fin, llegaron los hermanos Paco y Martín, y Norma, esposa de Martín y ciclista principiante que lucharía durante tres días en el camino con nosotros.
Así iniciamos el primer día del viaje, subiendo hasta los 3100 msnm cerca de Tres Marías. Fue una subida larga pero tranquila. Roberto, Alex y yo nos fuimos juntos casi todo el camino, los otros hicieron trampa y terminaron tomando una patrulla de los Ángeles Verdes que los subió hasta Tres Marías.
Yo venía muy preocupada por encontrar un taller para arreglar la llanta, mientras Roberto y Alex me iban compartiendo comida. Alejandro llevaba un paquete de carne seca que yo creo que es interminable porque nos duro todo el viaje, barras proteicas y gomitas. Roberto llevaba chocolate oaxaqueño y yo me sentía estúpida por haber olvidado mi bolsita con propóleo y semillas.
Nos reunimos en Tres Marías, donde ya nos estaban esperando los que tomaron el aventón. Roberto no los vio y se paso de largo, esperándonos durante horas en la desviación a Tepoztlán mientras nosotros nos calentábamos con chocolate o café caliente en la parada de la gasolinera.
De ahí fue pura bajada. Yo no pude disfrutarla por el imperfecto del rin que venia golpeando los frenos, que a su vez, golpeaban el candado de la bici que me rebotaba en la pierna, como una horrible señal de alarma. La bici venia haciendo un silbido agudo que me hacia sentir que la llanta saldría volando en cualquier momento, así que iba lentísimo. Los demás también perdieron tiempo por ponchaduras de llantas y demás. 
Obviamente no pasó nada terrible y llegando a la desviación a Tepoztlán encontramos a Roberto dormido en el pasto. Pedaleamos hasta llegar a Tepoz donde afortunadamente encontramos el taller Platanito, donde por $25 el señor curó a mi bici. Eso si, advirtiendo que el rin ya venia muy “huevoncito” y habría que cambiarlo pronto.
Pero, si llega a Oaxaca, ¿no? Fue lo primero que preguntamos, y sin más le dimos de nuevo hasta Yautepec con buen paso y en pura bajada.  Ahí se volvió complicado porque las llantas de los hermanos se venían ponchando. Tuvimos que esperar hasta que se hizo de noche y no hubo más remedio que subir a Martin y a su bici en un colectivo.
Los demás sufrimos los últimos kilómetros ya de noche, con el cansancio en las piernas y en la espalda. La numeración estaba toda mal y nos iba agotando mentalmente, siempre aplazando los kilómetros de llegada hasta Cuautla.  Cuautla 20 y quince minutos después, de nuevo Cuautla 20, Cuautla 10, ¡Cuautla 15!, y así, infinitamente, siempre un paso más lejos.
Por fin cruzamos un humilde letrero de llegada y nos bajamos de la bici (para más tarde encontrar otro letrero de Cuautla a 1 km). Nos quedamos sentados en una banqueta, Alex y yo, callados y viendo al vacío. Roberto había decidido combatir el cansancio pedaleando más rápido y se había adelantado. Rodrigo se había quedado atrás y venia tronadísimo.  Por fin nos encontramos todos en el jardincito de una plaza, y nos hospedamos en el primer hotel que encontramos.  Un cuarto para los ocho por solo $45 por cabeza.  


(Las fotos son de la banda del viaje; Seth, Roberto, Alexandro, Sandra, Alicia, Pako, Marc Bernon)

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