martes, 29 de enero de 2013

Rodada Rumbo al Congreso de Ciclismo Urbano Cuautla-Izucar


Día 2. Cuautla, Morelos- Izucar de Matamoros, Puebla



Llegando a Cuautla se nos unieron dos miembros más; Sandra y Seth. Sandra con su bicicleta de nombre Clarabella y sus alforjas azules que vería durante horas y horas de pedalear detrás de ella.  Seth con su bici de estilo militar como le dicen algunos, sin alforjas pero con pequeñas bolsas en el marco y en las llantas, así como su siempre presente librito con su oráculo mágico con el que nos adivinaría las distancias y la altimetría de cada camino.
Salimos después de desayunar en un mercadito, y el día nos consintió con una gran imagen del Popocatepetl y el pico nevado del Iztacihuatl en el horizonte. El camino fue de lo mas agradable, con algunas subidas y muchas rectas, a lo largo de valles amplios con campos de cultivos a los lados y las montañas a lo lejos.
Sandra encontró un buen oasis, una tiendita con mucha sombra y arboles a orillas de la carretera. Ahí brindamos con una cervecita para la calor, y así Sandra se convirtió en nuestra brújula para encontrar oasis, con las mejores sombras, los mejores paisajes y las cervezas más frías. Iniciando nuestra cata de cervezas a lo largo de diferentes pueblitos desde Morelos a Oaxaca.
Rodrigo nos dejo antes de llegar al oasis, porque se jodió la rodilla con tanto peso en las alforjas o algo así. Nosotros seguimos el camino ya bien frescos. La ruta era hermosa, con el valle de los campos transgénicos y montañas de formas eclécticas al frente. 


Yo me aventé con Roberto una persecución de varios kilómetros sin que pudiera verle ni el polvo. Sin saberlo, atrás de mí, Alex y Seth venían persiguiéndome en una carrera  de la que nadie sabia. Hasta que entramos a una zona de pequeños columpios en la que sentíamos que íbamos volando, subiendo y bajando, en la que encontramos a Roberto detenido por una llanta ponchada.
Aprovechamos la parada para descansar y ver pasar a las cabras en el camino. Y seguimos a lo largo de pura recta hasta llegar al siguiente oasis: una tiendita en San José Lico, enfrente de un campo de futbol donde un grupo de niños nos entretenía con un partido de beisbol.


 Ese fue el día más sencillo de todos, con subidas simples y bellos paisajes con las montañas a lo lejos. A eso de las tres ya estábamos en Izucar de Matamoros, ni en cuenta de en que momento dejamos Morelos. 
Izucar es un lugar más o menos grande, pero no conocimos más que el centro. Pasamos horas decidiendo si quedarnos ahí o avanzar hasta el siguiente pueblo donde nos prometían unos balnearios deliciosos. Se nos hizo tarde en la indecisión. Rodrigo que había llegado horas antes ya estaba instalado en un hotel junto con un chico nuevo de Puebla.  Terminamos Seth y yo yendo de cicloembajadores con los de Protección Civil para pedirles refugio. Nos dejaron acampar frente a la comandancia, pero “hasta las 8, 9, o saben que, mejor a las 10”.
Mientras ocupamos el parque frente al mercado. Comimos pozole y tacos y nos apoderamos de un pasillo entre bicis y cosas. Seth sacó un par de estufas mágicas que el mismo construye con latas de coca de las más pequeñas y frascos de desodorante. Con esas maravillas calentamos agua, Sandra sacó una bolsita de café, alguien fue por pan, y listo! Nos quedamos desperdigados por ahí hasta que empezó a llover y tuvimos que refugiarnos bajo los arcos de la comandancia, en lo que pronto seria nuestro campamento. Matamos la tarde bebiendo te y café con pan, viendo la llovizna caer y los carros pasar.




(Las fotos son de la banda del viaje; Seth, Roberto, Alexandro, Sandra, Alicia, Pako, Marc Bernon) 

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