Día 2. Cuautla,
Morelos- Izucar de Matamoros, Puebla
Llegando a Cuautla se nos unieron dos miembros más; Sandra y
Seth. Sandra con su bicicleta de nombre Clarabella y sus alforjas azules que vería
durante horas y horas de pedalear detrás de ella. Seth con su bici de estilo militar como le
dicen algunos, sin alforjas pero con pequeñas bolsas en el marco y en las
llantas, así como su siempre presente librito con su oráculo mágico con el que
nos adivinaría las distancias y la altimetría de cada camino.
Salimos después de desayunar en un mercadito, y el día nos
consintió con una gran imagen del Popocatepetl y el pico nevado del Iztacihuatl
en el horizonte. El camino fue de lo mas agradable, con algunas subidas y
muchas rectas, a lo largo de valles amplios con campos de cultivos a los lados
y las montañas a lo lejos.
Sandra encontró un buen oasis, una tiendita con mucha sombra
y arboles a orillas de la carretera. Ahí brindamos con una cervecita para la
calor, y así Sandra se convirtió en nuestra brújula para encontrar oasis, con
las mejores sombras, los mejores paisajes y las cervezas más frías. Iniciando
nuestra cata de cervezas a lo largo de diferentes pueblitos desde Morelos a
Oaxaca.
Rodrigo nos dejo antes de llegar al oasis, porque se jodió
la rodilla con tanto peso en las alforjas o algo así. Nosotros seguimos el
camino ya bien frescos. La ruta era hermosa, con el valle de los campos
transgénicos y montañas de formas eclécticas al frente.
Yo me aventé con Roberto una persecución de varios
kilómetros sin que pudiera verle ni el polvo. Sin saberlo, atrás de mí, Alex y
Seth venían persiguiéndome en una carrera de la que nadie sabia. Hasta que entramos a
una zona de pequeños columpios en la que sentíamos que íbamos volando, subiendo
y bajando, en la que encontramos a Roberto detenido por una llanta ponchada.
Aprovechamos la parada para descansar y ver pasar a las
cabras en el camino. Y seguimos a lo largo de pura recta hasta llegar al
siguiente oasis: una tiendita en San José Lico, enfrente de un campo de futbol
donde un grupo de niños nos entretenía con un partido de beisbol.
Izucar es un lugar más o menos grande, pero no conocimos más
que el centro. Pasamos horas decidiendo si quedarnos ahí o avanzar hasta el
siguiente pueblo donde nos prometían unos balnearios deliciosos. Se nos hizo
tarde en la indecisión. Rodrigo que había llegado horas antes ya estaba
instalado en un hotel junto con un chico nuevo de Puebla. Terminamos Seth y yo yendo de
cicloembajadores con los de Protección Civil para pedirles refugio. Nos dejaron
acampar frente a la comandancia, pero “hasta las 8, 9, o saben que, mejor a las
10”.
Mientras ocupamos el parque frente al mercado.
Comimos pozole y tacos y nos apoderamos de un pasillo entre bicis y cosas. Seth
sacó un par de estufas mágicas que el mismo construye con latas de coca de las más
pequeñas y frascos de desodorante. Con esas maravillas calentamos agua, Sandra
sacó una bolsita de café, alguien fue por pan, y listo! Nos quedamos
desperdigados por ahí hasta que empezó a llover y tuvimos que refugiarnos bajo
los arcos de la comandancia, en lo que pronto seria nuestro campamento. Matamos
la tarde bebiendo te y café con pan, viendo la llovizna caer y los carros
pasar.
(Las fotos son de la banda del viaje; Seth, Roberto, Alexandro, Sandra, Alicia, Pako, Marc Bernon)




No hay comentarios:
Publicar un comentario
Hable con ella