por favor sea breve, compilación de relatos sin ningun principio ni ningun final, historias sin para que, caminos desandados, en definitiva y siempre; violetas insoportables en banquetas.
viernes, 23 de diciembre de 2011
En el recuento de los daños
En el recuento de los daños diría que este año fue como un largo viaje. Porque viajar es como irse doblando y desdoblando, se puede viajar de tantas formas. Una de ellas es en horizontal a través del espacio y de los otros. Entonces vemos el territorio que se desdobla ante nosotros, que nos eleva y nos envuelve. Vemos surgir puertas que nos llevan a dimensiones y a realidades que ni siquiera imaginábamos que podían imaginarse.
Se viaja normalmente en horizontal, si. Pero también se pude viajar en vertical. Viajar verticalmente a través de sí misma, hacia abajo, hacia adentro, siempre. Doblarse y desdoblarse a sí como hoja de origami. Y ser siempre otra.
Perderlo todo. Perder teorías, perder esquemas, países, prejuicios. Perder lo demás también. Este año fue exactamente así; un largo viaje horizontal en caída vertical.
Un doblez, un primer movimiento y encontrarse de pronto a sí misma en el límite, con el corazón y las ganas exprimidas. Descubrir que se es capaz de permanecer dos semanas en cama, sin ver ni hablar con nadie. Al borde de la muerte en el apogeo de la guerra declarada contra sí misma entre las cuatro paredes de una casa.
Un segundo movimiento y hallarse a sí misma huyendo del vacío y del horror de la vida gris, al mero epicentro del horror de la muerte y la violencia: Juaritos. Más dobleces y finalmente comprender que estamos en plena guerra, que este país no es más que una herida antiquísima que no hemos sabido dejar cicatrizar.
Ver al territorio nacional desdoblarse ante tus ojos y ver el horror de la guerra, los testimonios, los rostros, las demasiadas placas de sitios donde se ha asesinado a gente inocente. Y que sea precisamente ese horror y esa ola de muerte y devastación, la que te salve la vida, la que te llene de fuerzas.
Continúan los movimientos, llevándote más lejos a lo largo de todo el país, de norte a sur. Encontrarte llena de rabia. Dejar que sea esa misma rabia la que se convierta en el marcapasos de tu día a día. Dejar que el espacio se desdoble y que aparezcan ante ti experiencias de autonomía y resistencia. Dejar que tu alma se desdobla y que descubras que has roto varias de tus estructuras mentales, a otra tu que no sabias dejar ser pero que estaba ahí.
Más y más movimientos, y hallarte en medio de una ola de muertes y desapariciones cada vez más cercanas. Un ligero doblez y hallarte de nuevo pospuesta en cama, delirando de fiebre, con la lengua y el cuerpo hechos papilla. Encontrarte con el corazón cerrado, ausente de todo lo que pasa en este mundo.
Un viaje largo, larguísimo de tiempos y espacios que se doblan y se desdoblan a su antojo en medio de la guerra en el país. Pero también a través de mi pequeña guerra interna por encontrarle sentido a esta vida en un mundo de mierda, tratando de aprender a vivir sin lo que más quiero. Un viaje largo que apenas inicia.
En el recuento de los daños diría más o menos eso. Que una de nosotras, quien sabe cual, se perdió en el viaje. En el recuento de los daños diría, que pagué este viaje en pasos, en lágrimas, a gritos y susurros, con su cuota de piel y sangre. Y que fue un viaje largo, triste dolido y cómico y ridículo y maravilloso y hermoso y quien sabe cuál de todas esas cosas. Que eso tampoco importa, porque en el fondo cada caída es también una posibilidad, una intuición de algo más porvenir. Y bienvenida la vida, aunque sangre la herida.
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