Tomemos por un momento a los güipiles de las mujeres como objetos que van más allá de una prenda de abrigo, veámoslos como verdaderamente son, como una forma de congelar por un momento la historia de un pueblo, o tal vez, la visión del mundo que un pueblo tiene. El siguiente texto tiene ese objetivo; intentar dar un vistazo rápido a la cosmovisión chuj a través del güipil de sus mujeres. Y es que si entendemos que desde tiempos precolombinos el güipil ha sido una pieza fundamental en la vida de las mujeres, parte de todo un proceso que va desde el hilado del algodón hasta la fabricación final del diseño, podemos entender entonces el güipil como mucho más que una prenda de vestir. Porque crear un huipil es tomar un pedazo de tela cuadrado y convertirlo en historia, es una forma de expresar lo que entendemos del mundo; un güipil es arte en movimiento. Pero un güipil chuj es como un fractal, como un mándala, con estrellas que se entrelazan y se devoran unas a otra, que se mueven ondulantes, haciéndose grandes y pequeñas, a veces más cerca y otras más lejos.
Estas estrellas, que a primera vista podrían parecer una sola estrella multiplicada hasta el infinito, son el componente principal de este güipil; estas estrellas son las oras. Y las oras son los responsables de todas las cosas del mundo. Las oras son los responsables de los días. Cada día tiene vida, los días son para los chuj, poderes personificados a quienes todos los mayas dirigen sus devociones, ya que su influencia satura cada actividad y cada paso del día. Las oras son los que marcan los tiempos de la vida. Y los tiempos son a su vez, dioses en sucesión.
Algunos de estos oran son buenos, mientras que otros son malos y traviesos; algunos pueden servir para pedir por las cosechas, mientras que otros son días de guardar. Dentro de la cultura chuj existe un ora para cada cosa. Todos los elementos de la tierra tienen su propio ora, y por tanto tienen vida, tienen espíritu. Es precisamente por esta razón, que la naturaleza exige ciertos comportamientos y actitudes hacia ella, y merece respeto. No solo por estar vivía, sino por tener espíritu, y por tanto, ser sagrada, como representación de Creador y Formador.
Los güipiles chujes se componen por estrellas que representan las oras de la portadora. Tres estrellas al frente y tres en la espalda, que indican la ora de su nacimiento, de la fecundación y del futuro. Estas estrellas son a la vez, abrazadas por un fulgor de múltiples colores que representa la sabiduría, pero no la sabiduría individual, sino la sabiduría colectiva; la sabiduría del pueblo, acumulada durante siglos y siglos a través de diferentes ciclos de tiempo y aprendizaje. De esta forma, podría parecer que el conocimiento del pueblo abraza y envuelve, casi protegiendo, al propio individuo representando por sus oras. Pero también, incidiendo en el, haciendo de él, lo que es ahora; el individuo es por lo tanto inimaginable sin el pueblo y viceversa, el fulgor es inconcebible sin estrellas.
Alrededor de los fulgores que a su vez, están alrededor de las estrellas, el hilo va tejiendo ondulaciones que se remontan hasta el origen del universo, al momento de la gran explosión que lo empezó todo. Y a su alrededor, diferentes hilos de todos los matices, se entretejen y danzan entre ellos en un carnaval multicolor; sumergiéndose y desapareciendo por instantes entre el mar de rojo que predomina en el güipil para reaparecer después y proseguir la danza con una nueva pareja. Este rojo que todo lo envuelve, tiene diferentes significados, yendo desde el fuego y la sangre, hasta la tierra. Dentro de ella confluyen el azul por parte del cielo y las aguass el fértil verde, el maíz amarillo, morado, rojo, las nubes blancas… Todos brincando en esta danza vital, entre ondulaciones y fulgores relacionándose entre sí a través de flechas de parentesco y afinidad.
Sin embargo aun hay más. Hasta abajo se encuentran los animales y las flores; las mariposas, el quetzal, el gato, habitando al borde del güipil entre los diferentes matices de verde que imponen las plantas y las flores cultivadas por este pueblo en medio de los paisajes neblinosos que predominan la mayoría del año en las tierras estas. Son estos animales y estas flores, los representantes de los nahuales de la persona portadora.
Por otro lado, en la parte superior del güipil se encuentra una pechera, igualmente colorida e igualmente poblada de círculos concéntricos que parten desde la abertura del cuello hasta el borde de la pechera. Esto representa los pétalos de la flor, que es a final de cuentas, el orgullo de la mujer.
En base a todos estos elementos, el güipil chuj representa esa convergencia entre el cielo y la tierra, través de la concatenación de los elementos que se van envolviendo, que se abrigan unos a otros, tal como abriga la tierra a todo lo que en ella habita, y tal como el güipil abriga a la mujer, que a su vez abriga bajo el güipil, dentro de su vientre, al bebe.
ahhh :V con que eso... khé?
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