Javier tiene una cicatriz que es una boca. Tiene grandes y carnosos labios rojos. Se abre y se cierra. Se cierra y se abre. Pero nunca había hablado antes. Nunca. Hasta hoy. Hoy ha hablado la cicatriz, hoy la cicatriz ha sido una boca más que nunca: unos labios que cuando hablan se hacen y cuando beben se mojan.
Empezó con un gruñido, luego otro y otro, como un balbuceo. Y al principio el no entendía nada. Al principio tuvo miedo al ver ese precipicio que se estremecía y lo llamaba. Pero la boca le dijo que había venido a decirle que no era una cicatriz cualquiera. Vino a decirle que era una cicatriz de guerra, porque todo el país -todo el- era también una herida de guerra. Vino a decirle que vino porque desde hacía mucho tiempo se venía desvaneciendo y tenía que contarle su historia para que no se borrara. Vino a decirle que las cicatrices se llevan con orgullo porque las cicatrices son también los lugares donde el cuerpo se tatúa la historia, donde la piel se vuelve poema.
Javier tiene una cicatriz que es una boca y le cuenta su historia. Tiene una cicatriz que es una boca que antes vomitaba rabia y que un día empezó a recitar poemas. Javier tiene una cicatriz que le explica que es una boca porque toda ella es una fosa. Tiene una cicatriz que es una fosa y que es cada fosa en la que enterraron a los muertos de esta guerra.
Javier tiene una herida de guerra que es la fosa en la que enterraron a Juan y a otros treinta y cuatro mil hermanos. Tiene una herida de guerra que sangra, pero que también habla. Tiene una herida de guerra que le ha dicho que hay que olvidar a los muertos como la tierra los olvida, que es con frutos.
La herida de Javier también dice que hay que intuir el accidente que esta guerra como una reestructuración del ser, que hay que entender el arte como una sanación de la herida. Dice que eso se puede si entendemos a las calles como mapas, como espacios de diálogo entre los habitantes. La herida de Javier, que es la herida de todos, porque es una herida de guerra, dice que hay que transformar las calles en el ejercicio de convivencia de todas las ciudades posibles, y luego hacer lo mismo con el país, para que la reestructuración ciudadana sea el fruto con el que enterremos a esta muerte colectiva que ha sido la guerra.
Javier tiene una cicatriz que es una boca; una boca que canta y convoca.
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